El excesivo aumento de peso puede continuar por un tiempo con pocas consecuencias serias. A diferencias de otros órganos, la grasa tiene una prodigiosa capacidad para guardar calorías y expandirse mientras continúa ejecutando sus funciones usuales. Pero esa capacidad no es ilimitada. A la larga, las células grasa llegan a un umbral crítico y empiezan a emitir señales de emergencias. El sistema inmunológico llega al rescate y entonces comienza realmente las dificultades
Un gran ejemplo de una dieta de mala calidad es el continuo uso de de los endulzantes artificiales

En contraste con la glucosa, que puede ser utilizada por todas las células, la fructuosa se metaboliza casi exclusivamente en el hígado. Demasiada, en una sola toma , sobrepasa al hígado y el exceso se destina a la producción de moléculas grasas. A la larga esto podría resultar en hígado graso ,otros problemas metabólicos.
Aunque los edulcorantes artificiales (acesulfame, aspartame, neotamo, sacarina y sucralosa) en esencia no tienen ninguna caloría, afectan al cuerpo.

Estos químicos sintéticos estimulan a los receptores del sabor dulce miles de veces más intensamente que el azúcar, con posible efectos nocivos en la calidad de la dieta. Los endulzantes artificiales también pueden ocasionar secreción de insulina y, por tanto, llevar calorías a las células grasas, así como estimular el hambre. También se ha reportado que las células grasas contienen receptores del sabor dulce similares a los de la lengua. Los endulzantes artificiales promueven el crecimiento de las células grasas al estimular esos receptores.

Sacado del libro, ¿Siempre tienes Hambre?, Dr, David Ludwin.